La finca, construida en 1946, pertenece a esa generación de edificios residenciales de la posguerra que se distinguen por la solidez constructiva, la generosidad de las plantas y una presencia arquitectónica que el tiempo no ha hecho sino consolidar. Portero, segunda planta y una participación significativa en el inmueble son datos que hablan de una vivienda con peso y entidad propias.
La reforma ha sabido leer con inteligencia este legado. Lejos de borrarlo, lo ha potenciado: las molduras originales en techo y paredes, los zócalos perimetrales y los casetonados se mantienen y se convierten en el marco perfecto para una intervención interior de vocabulario radicalmente contemporáneo. La tensión entre lo heredado y lo nuevo es, precisamente, lo que hace a esta vivienda tan singular y tan difícil de encontrar en el mercado.
El parquet de roble en espiga —tendido en toda la vivienda con una precisión milimétrica— es la primera declaración de intenciones de la reforma. Sobre él, el gran salón se despliega con una amplitud excepcional, articulado en diferentes ambientes que fluyen sin interrupciones bajo techos de altura generosa. La secuencia salón-comedor funciona como un único espacio social de gran formato, capaz de albergar tanto la vida cotidiana más íntima como las reuniones de mayor escala. La luz, filtrada a través de grandes ventanales con cortinaje fino, recorre el espacio con suavidad a lo largo del día.
El comedor independiente, definido por su propia arquitectura de techo y dotado de una iluminación de diseño de gran presencia, es un espacio de proporciones pensadas para recibir con distinción. La conexión visual y física con la cocina refuerza la lógica del recorrido social sin sacrificar la identidad de cada ambiente.
La cocina es, en términos materiales, uno de los momentos más potentes de la vivienda. Los muebles en madera de nogal veteado, de piso a techo, crean un volumen de gran presencia táctil y visual que contrasta de forma magistral con la isla central y la encimera en piedra sinterizada blanca. Los electrodomésticos Bosch de última generación están perfectamente integrados en la composición. Una cocina que combina la calidez de la madera natural con la frialdad mineral de la piedra: dos mundos que se necesitan.
La zona privada, organizada a lo largo de un largo pasillo tratado como un espacio en sí mismo, distribuye cuatro dormitorios amplios y bien proporcionados, cada uno con baño en suite. La orientación norte garantiza una temperatura estable y confortable durante todo el año, especialmente en los meses cálidos.
Climatización por conductos, portero y una reforma integral de primer nivel completan una propuesta residencial sin fisuras en una de las direcciones más valoradas del barrio más deseado de Madrid.